
EDICIÓN N°37
1 de noviembre de 2016
2016
EDITORIAL 37
Cuando leemos que la población mundial asciende a 7.200 millones de personas, de las cuales 3.300 millones están conectadas a Internet y que 1.600 millones son usuarios de Facebook, el escalofrío del progreso deja su rastro de asombro en todos nosotros, máxime si no olvidamos que no hace mucho tiempo este editorial alguna vez fue escrito desde una Olympia portátil. No hay queja: nos acomodamos, tal vez no con la velocidad de los más jóvenes, pero estamos atentos. Es así, cuando el progreso asoma, la adaptación se impone; de lo contrario, “fuiste” (¿vieron?, a veces utilizamos los verbos conjugados desde la modernidad).
Apartándonos un poco de nuestras costumbres, esta vez dedicaremos el editorial al sitio en donde todavía, a pesar de los irrefrenables e invasivos avances de Wikipedia y Google, todos acudimos para crecer en conocimientos con las lecturas apropiadas, adornar los calculados dictámenes y emperifollar las reflexivas sentencias: la Biblioteca del Poder Judicial con sede en San Isidro, que, como no podía ser de otra forma, se encuentra informatizada.
En su momento, la de Alejandría, en Egipto, fue la más conocida, aun en épocas en que no existía la imprenta, lo que la convertía en un lugar que guardaba invaluables tesoros manuscritos. La enclavada en el segundo entrepiso del edificio de la calle Ituzaingó 340 no es famosa, ni magnánima, ni antigua, y a pesar de una constante y silenciosa presencia desde que se la recuerda, no tiene nombre. Guarda en sus estantes unos siete mil volúmenes entre libros de variados autores y colecciones de diferentes editoriales y es atendida por cuatro bibliotecarias profesionales, con conocida amabilidad y envidiable paciencia. Para este año, el presupuesto asignado ascendió a la suma de pesos $266.560, y varía según circunstancias.
Si bien nadie se atreve a hablar de una fecha exacta de su nacimiento, su inventario hace referencia al 16 de julio de 1965 como el momento en que se registró el primer libro: el tomo I de la colección de Jurisprudencia Argentina. Si alguien olvida restituir algún ejemplar, se advierte que no podrá cambiar de dependencia o abandonar filas sin antes contar con un “libre deuda” de la repartición bibliográfica, trámite este que ha permitido la recuperación de los libros prestados, aunque en algunos casos con algo de demora (¿o mora?).
En lo que va del año, en el ámbito penal los libros más solicitados han sido Derecho Penal – Parte Especial, de Edgardo Alberto Donna; el Código Penal Comentado, dirigido por David Baigún y Eugenio Raúl Zaffaroni; el de Andrés José D’Alessio, y Derecho Penal – Parte General, de Enrique Bacigalupo. En cuanto al procedimiento, Garantías Constitucionales en el Proceso Penal, de Alejandro D. Carrió, y el Código de Procedimiento Penal de la Provincia de Buenos Aires, de los doctores Héctor Granillo Fernández y Gustavo A. Herbel.
En lo referente al terreno civil y comercial, el Código Civil y Comercial de la Nación Comentado, de Ricardo Luis Lorenzetti, y el de Julio César Rivera y Graciela Medina son los más reclamados ante la reciente reforma legislativa. También son pedidos el Tratado de Derecho de Familia (según el Código Civil y Comercial de 2014), de Aída Kemelmajer de Carlucci; Proceso Sucesorio, de Graciela Medina, y Derechos Reales, de Marina Mariani de Vidal (un clásico). Desde el procedimiento se solicitan: Códigos Procesales en lo Civil y Comercial de la Provincia de Buenos Aires y de la Nación – Comentados, de Augusto Mario Morello; el Tratado de Derecho Procesal Civil, Comercial y de Familia, de Enrique M. Falcón, y Juicio Ejecutivo, de Horacio Bustos Berrondo.
Gracias a Dios, muchos leen la Constitución y la estudian: Tratado Elemental de Derecho Argentino, de Germán J. Bidart Campos, y Derecho Procesal Constitucional, de Néstor Pedro Sagüés. Por supuesto, los laboralistas están presentes: Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social, de Julio Armando Grisolía, y Ley de Contrato de Trabajo Comentada, de Jorge Rodríguez Mancini. Y una sorpresa: uno de los libros más requeridos en lo que va del año es Derecho Internacional Público, de Luis Agustín Podestá Costa y José María Ruda. Teniendo en cuenta la crisis mundial y el terrorismo internacional, creemos que es una lectura que no ha sido difundida en otras partes del orbe.
En nuestra superficial investigación pudimos ver que hay autores de moda y clásicos, y que pocos son los que piden a estos últimos para su consulta. Una pena, ya que leyéndolos se apreciarían las razones por las cuales los de moda serán olvidados pronto. Pero es así. Autores y libros se renuevan, aunque los temas sean los de siempre: la vida, la muerte, la libertad, el patrimonio y la familia.
Como decíamos, nuestro archivo de documentos y libros no tiene nombre. El lugar en donde se guarda un tesoro de papel no puede ser referido con una deferente designación porque no la posee. Queremos bautizarla, a pesar de que nació hace más de cincuenta años, y queremos hacerlo con la consulta de todos, con la participación de colegiados y no colegiados que hayan tenido que concurrir a ella en busca de información y conocimiento. Comunicaremos la forma de hacerlo próximamente. Tenemos que concretarlo antes de que el libro sea reemplazado por las pantallas, antes de que lo etéreo sustituya a las hojas con tinta, antes de que el progreso no nos dé tiempo para adaptarnos.
¡Contamos con vos!
¡Felices Fiestas para todos!
Hasta la próxima
La Dirección

